José IGES

POESÍA SONORA I ARTE RADIOFÓNICO

Las relaciones del arte radiofónico con la poesía sonora son el tema de esta ponencia. Un tema que me parece apasionante, pues es posible demostrar la importancia que el medio radio ha venido teniendo para el devenir de la poesía sonora y la indeleble impronta que ésta ha tenido en la evolución de las formas artísticas radiofónicas.

Cuando hablamos de "poesía sonora" queremos denotar, siguiendo los planteamientos defendidos por, entre otros, Henri Chopin en su volumen "Poesie Sonore Internationale" (Ed. Jean-Michel Place, París, 1979), aquella que surge de la interacción entre la voz trabajando sobre contenidos verbales y la tecnología electrónica de audio. Es cierto que, en parte con la mediación de esa tecnología y en parte también por planteamientos estéticos que emparentan estos movimientos a los de otras esferas de la experimentación artística de la segunda mitad del siglo, el resultado de muchos de los trabajos que aquí nos ocupan pierden ya contacto con la inteligibilidad de un texto, como no lo es menos el que sus raíces están en las Primeras Vanguardias: Futurismos, Dadá, Surrealismo.

Así, respecto del tema que tratamos, hemos de recordar lo escrito en el mencionado libro por Henri Chopin: "Para nosotros, todos los poetas fonéticos -Pierre Albert-Birot, Hugo Ball, Raoul Haussmann, Kurt Schwitters, Camille Bryen, los Letristas, etc.- son comparables a actores de cine "mudo", esos grandes actores que no supieron adaptarse al cine sonoro." Y, lapidariamente, concluye: "A excepción de Altagor, de François Dufrêne, ninguno de los poetas antes de 1950 ha sabido oir su propia voz." (p. 41).

Pero hay que señalar, por encima de si las anteriores afirmaciones son o no algo exageradas, que la llegada del magnetófono supuso a partir de esa época la posibilidad, en primer lugar, de reflexionar sobre la propia interpretación, conservada ya como un objeto -como un sonido concreto, o una secuencia de ellos- en un soporte estable: la cinta magnetofónica. Y que ello permitió perfeccionar y afinar hasta extremos hasta entonces inesperados la relación del intérprete con el micrófono, su complicidad con esa herramienta tecnológica convertida desde entonces en un verdadero apéndice instrumental, multiplicador de los gestos vocales más ínfimos, captor de esos universos micro-sónicos que antes eran inaudibles.


El papel precursor de Schwitters

Insistimos, por si no hubiese quedado claro, en que los poetas sonoros de ahora tienen una deuda con la poesía fonética de las Primeras Vanguardias históricas del siglo, del mismo modo que uno de esos artistas, el alemán Kurt Schwitters, nos proporciona, en los años 30, las primeras influencias -en este caso, estructurales- de esos campos en el arte radiofónico. La primera de esas facetas es la del Schwitters creador de "collages", de "ensamblajes" visuales, en formato bidimensional -a todos los efectos, presentados como cuadros-, para cuya confección hacía acopio de toda suerte de residuos: billetes de tranvía, fragmentos de periódicos... Klaus Schoning ha señalado agudamente la importancia de esa práctica en el "collage" radiofónico, mientras Hanne Bergius, en un amplio texto al respecto, señala el interés de Schwitters por extraer de su contexto asociativo las palabras, a fín de librarlas "de su 'veneno propio', desmaterializarlas y liberarlas de su forma. (...) En eso consistí justamente su actitud crítica: en la transformación de las reivindicaciones sociales en arte por medio de la revalorización de los resíduos". (H.Bergius: "Kurt Schwitters, 'crear algo nuevo a partir de los residuos'", cat. de la exposición Kurt Schwitters, ed. IVAM, Valencia, 1995, p. 61).

La segunda de las facetas está directamente ligada a la práctica antexpuesta, pues el artista comienza a trabajar con el lenguaje como "objeto encontrado", en una poesía que destruye la carga semántica al emplear justamente los "escombros" de ese lenguaje como un resíduo más. Schwitters se siente así en completa libertad para trabajar desde sus agregados más simples, los fonemas, o incluso desde las letras como entidad última indivisible del "habla". Su poesía fonética nace para ser declamada, y el ejemplo más acabado de su línea "des-constructiva" (por supuesto, "avant la lettre"), con el uso de los fonemas como si de notas musicales se tratase, lo encontramos en su "Ursonate". Como es sabido, se trata de su obra fonética más ambiciosa, comenzada en 1921 y publicada en su redacción definitiva -prácticamente bajo la forma de una partitura- en 1932, en su revista Merz.


La cultura del altavoz

En la referencia anotada anteriormente, Chopin alude a que la imposibilidad de familiarizarse con la propia voz grabada impidió a esos autores "históricos" perfeccionar su capacidad interpretativa. En ese sentido señala, ateniéndose a las grabaciones históricas conservadas, lo gritón que resulta Marinetti, lo débil de la declamación de Albert-Birot, lo monocorde de un Schwitters o lo chirriante que suena Hausmann. Es evidente que la aparición del magnetófono y el perfeccionamiento de los micrófonos revolucionó conjuntamente las posibilidades expresivas de los poetas más experimentales con el sonido, al tiempo que la expresividad en un medio como la radio. Al depender ambos de la tecnología de audio, poesía sonora y arte radiofónico han venido siendo mediatizados por ella.

Y en el caso de la poesía sonora esas posibilidades del micrófono -que permite aproximar al oído lo infinítamente pequeño- y del magnetófono -que posibilita la reproducción ilimitada de un registro, así como su montaje y transformación con ayuda de otros útiles tecnológicos, como variadores de velocidad, filtros o ecos- fue determinante a la hora de sobrepasar el poema fonético hecho de letras, como ocurre con los "Meganeumas" que inventa Gil Wolman en 1951, tal como señala Chopin: "especie de poemas en 'expectoraciones', sin contenido verbal, sin semántica." (Op. cit. p .43).

De ese modo la poesía sonora nace inmersa en lo que damos en llamar la "cultura del altavoz". Si entendemos "cultura" como "lugar común", que tanto podría vincularse con el ágora, la plaza pública o los medios de comunicación de masas como, en un sentido más metafórico, con el ámbito de una "sentimentalidad compartida", estamos haciendo aquí referencia a esa doble realidad, completamente nueva, que tiene en un medio como la radio a su principal legitimador social. Hoy en día toda la información acústica generada genuínamente por nuestra civilización nos llega por un altavoz. Nos enteramos a través de altavoces del horario de llegada de un tren o de un avión, pero también se nos arrulla con música funcional mientras compramos en un centro comercial o se nos sumerge en una -a modo de- placenta artificial con los rítmos atronadores de un club de copas o una discoteca.

Entre los poetas sonoros simbióticos con esas nuevas tecnologías de audio de finales de los 50 señalaremos a Bernard Heidsieck -en cuyo trabajo el montaje ha sido otro modo de escritura, en ese caso sobre una cinta magnetofónica-, a François Dufrêne y sus "crirythmes", para los cuales declara su autor la idoneidad del antedicho soporte sobre la escritura tradicional, o a Henri Chopin, creador de un modo de hacer que pone en juego una cierta musicalización de sonidos realizados con la lengua, los labios o los resonadores, los cuales son transformados electrónicamente a voluntad por el artista francés.


La text-sound composition: poesía sonora para la radio

Un caso muy particular de "poesía sonora" y que, como tal, merece mención distintiva aquí, es la "text-sound composition". La razón es que los autores de esa corriente se vinculan más acusadamente que en los casos anteriormente citados a la creación desde dentro de las posibilidades del medio radio y, acaso por ello, desarrollan obras en las que el texto, empleado como fuente sonora al ser manipulado tecnológica e interpretatívamente, pero también tomado en otras ocasiones en su capacidad significante, se integra con gran libertad con música electrónica, efectos sonoros y secuencias sonoras tomadas del mundo real, aunque estas últimas no presentan un protagonismo tal que nos permita hablar de "soundscape" o "nuevo horspiel" a la hora de clasificar tales trabajos.

La "text-sound composition" tiene otra particularidad: es un fenómeno focalizado en Suecia. Cuando Yvind Fahlstrom publica su "Manifiesto sobre Poesía Concreta" en 1953, da los primeros pasos para el inicio de una forma de poesía específica para el medio radio. Fahlstrom desarrolla diversas técnicas de manipulación de las grabaciones magnetofónicas de sus poemas, e incluso un método de lectura. En 1963 presenta su primer trabajo de larga duración: Pájaros en Suecia, obra que fue tomada como modelo por multitud de artistas suecos. En ella, Fahlstrom integraba música popular y texto, que generaba según métodos propios que permitían transformar lenguajes existentes. Dos años después, los compositores y poetas Bengt Emil Johnson y Lars-Gunnar Bodin tienen ante sí la oportunidad de trabajar en los estudios de la Radio Sueca para la creación de media docena de piezas, con Steffen Olzon como productor. El título genérico de la serie fue semicolon. Como señala Bodin, "el Departamento de Literatura y Arte (LOK) de la Radio Sueca provocó que esos tipos de creaciones fuesen esenciales al medio radio y una parte integral de las formas artísticas específicamente radiofónicas" (L.-G. Bodin: "An introductory commentary on Swedish text-sound compositions", en el libreto del doble CD "The Pioneers: Five text-sound artists", Ed. Phono Suecia, 1992, p. 5).

En la primavera de 1967, ese Departamento organizó una actuación pública, transmitida en directo desde el Museo de Arte Moderno de Estocolmo, en la que se consolidó formalmente el movimiento. Se escucharon obras de los autores ya citados y de Ake Hodell. Con posterioridad llegarían los trabajos de Ilmar Laaban y Sten Hanson.

En todo caso, el nombre aún no había nacido. Fue en el otoño de 1967, en una conferencia internacional celebrada en Holanda, con presencia de representantes de radios públicas europeas y de artistas, cuando Johnson y Bodin acuñaron el término "text-sound composition", que podríamos arriesgarnos a traducir como "composición sonoro-textual", si bien con las naturales reservas. Para los autores suecos citados, el término elegido era deliberadamente neutral y habría de servir para designar una amplia gama de producciones, desde la "poesía sonora" a obras electrónicas que empleaban la voz humana, como el ya mencionado Canto de los Adolescentes, de K. Stockhausen. Lars-Gunnar Bodin aventura incluso el término "género", como si efectívamente se diesen las condiciones objetivas para hablar de tal cosa en la "text-sound composition". En todo caso, resaltamos que el término ha quedado para ser aplicado más bien a un conjunto de piezas surgidas en una generación de autores y en un país determinado, sin que apenas haya sido reivindicado contemporánea o posteriormente para denotar trabajos en cualquier caso próximos estéticamente, pero pertenecientes a otras latitudes o colectivos artísticos.


Soportes electrónicos de audio para la escritura

Con el enunciado de este epígrafe no pretendemos referirnos sino a la puesta en práctica por parte de los poetas sonoros de un criterio ya mencionado: el de considerar a la cinta magnetofónica como un soporte de escritura. En consecuencia, el montaje de cinta -no sólo la mezcla sino el corte y empalme de cinta con tijeras, que tan cerca nos lleva del "cut-up" de William Burroughs-, ha de ser considerado como un gesto de escritura sobre ese nuevo soporte. Aunque otros gestos pueden ser las acciones conducentes a la creación de esos grafismos sonoros con el apoyo de la tecnología -como los trabajos de Chopin o Dufrêne ejemplifican bien-.

Así las cosas, no es extraño que, más allá de los integrantes de la "Text-Sound Composition", algunos relevantes poetas sonoros hayan sido invitados a realizar trabajos específicamente radiofónicos; o inversamente que, puestos en esa tesitura, los citados poetas hayan percibido que la radio era el salón de actos idóneo para difundir algunas de sus iniciativas. Quede claro que no nos estamos refiriendo símplemente a una labor divulgativa de la radio de trabajos surgidos fuera de ella, como fue en su día la realizada, por ejemplo, por Fernando Millán y Javier Maderuelo en la serie "Experimentación y músicas fonéticas", emitida por RNE Radio 2. Es más bien el caso, por seguir con ejemplos producidos por dicha emisora -la actual Radio Clásica- de los trabajos montados en1990 para Ars Sonora por Bartolomé Ferrando, para los cuales hacía uso del multipista, o de la obra realizada en 1992 por Enzo Minarelli ("Autopoema, auto-radio y autodestrucción"), presentada en el Encuentro Internacional de Arte Radiofónico "Ciudades Invisibles", que tuvo lugar ese año en Madrid.

En este campo han sido más activas las emisoras alemanas, aunque hay que destacar las performances realizadas para la DRS de Berna a mediados de los 90 por el citado Ferrando y un grupo de músicos improvisadores, posteriormente recogida en un CD titulado "Rojo!". Y, de entre todas las emisoras alemanas, como en tantos otros campos del Arte Radiofónico, destaca aquí la WDR de Colonia. A través de su Studio Akustische Kunst (Estudio de Arte Acústico) que dirige Klaus Schöning, ha producido desde las "Repetitionen" de Max Ernst (1989) hasta una serie de trabajos del poeta concreto alemán Franz Mon, datados entre 1973 ("da du der bist") y 1996 (Von der Fahrplonen brauch..."). O trabajos de los austriacos Konrad Bayer y Gerhard R¸hm ("Sie werden mir zum Rotsel, mein Vater", de 1958, producida en 1968), o el audiopoema en 8 partes "Le corpsbis", de Henri Chopin (1985). (El interesado puede profundizar en estas producciones con la publicación del Studio Akustische Kunst "Sound Journey", que recoge referencias de las obras producidas entre 1968 y 1997; la obra de Chopin, por su parte, ha sido editada en el CD "Le corpsbis & Co." en fecha reciente).

Como creo ha sido evidenciado en esta ponencia, las relaciones del arte radiofónico con la poesía sonora han sido importantes en calidad más que en cantidad, pero en todo caso han resultado relevantes para el desarrollo mutuo de ambos territorios artísticos, que han sido a veces el mismo. Hubiese sido fatigoso referir el recurso a lo fonético, el ruído del habla o el empleo de sonidos vocales no significantes en obras radiofónicas de géneros como el radiodrama o el soundscape, lo que apunta la influencia que la práctica de los poetas sonoros ha venido teniendo sobre el lenguaje del medio radio. Dejemos aquí un tema que seguramente merezca en el futuro reflexiones y profundizaciones más reposadas.


Con la colaboración de / With the support / Amb la col.laboració de


L'ASSOCIACIÓ DE PERFORMERS, ARTISTES I POETES ASSOCIATS

 


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