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La historia del siglo XX está marcada, de principio a fín,
por muchas desmesuras: genocidios, destrucción de la naturaleza,
creación de la energía atómica, crecimiento excepcional
de la esperanza de vida, y aumento paralelo -y amenazante- de la población
mundial...Y junto a todo ello, y a tantas cosas mas, la desmesura del
arte y los artistas: las vanguardias y neovanguardias que, contra toda
lógica, prosperan y hacen que sus propuestas lleguen a la sociedad.
Los grandes procesos de desmaterialización-abstracción,
y su contrario de concrección-materilización, que han
dado lugar a la conceptualización de los componentes plásticos,
y a materialización de los conceptos. Con la libertad como verdadera
droga.El producto final ha sido la conquista de un campo artístico
expandido, en el que las distintas formas de arte (desde la poesía
visual a la performance, pasando por la polipoesía y la música
hablada, por la instalación y el arte-correo, hasta el body art
y los proyectos imposibles) han desarrollado nuevas formas de ver, oir,
pensar, analizar... Esta revolución (la mas efectiva y la mas
incruenta del siglo) está lejos de haber agotado su impulso.
Por el contrario, el trabajo de los hombres y mujeres que han protagonizado
las revoluciones artísticas de los años veinte y sesenta,
nos han liberado de la radicalidad y el vanguardismo. La vanguardia
ya no es una estrategia de destrucción-recreación. La
liberación estética de los sesenta se ha completado con
la liberación ética de los ochenta. El arte, como sistema
de sistemas, no puede someterse a escalas de valores inamovibles. La
potestad de inventar nuevos códigos, ha pasado a ser un bién
común. Ciento cincuenta años después de que Lautremont
pidiera que la poesía fuera hecha por todos, esa utopía
ha pasado a ser una posibilidad al alcance de la mano para cualquier
forma de arte. Estamos en el comienzo de una nueva época, en
el umbral de un cambio de sentido de la historia. En esta situación,
y de cara al siglo XXI, a la poesía le cabe, como en los momentos
mas cruciales de este siglo que finaliza, un puesto de máxima
responsabilidad. Su defensa de la creatividad frente a las normas, la
autoridad, y demás mecanismos de los poderes trascendentes, le
convierte en la partera natural de las experiencias estéticas
que alcancen el verdadero sentido de una libertad no mediada.
Desmesura
Si, en su conjunto, toda la historia de la humanidad puede ser vista
como un compendio de infamias y excesos, el siglo XX que ahora termina,
tiene por derecho propio un lugar de honor en la reseña de las
desmesuras. Tal vez por la simple acumulación de la historia,
o por el avance tecnológico, este siglo se destaca por los genocidios
cometidos de forma sistemática (civilizada, podríamos
decir si esta palabra no fuera incompatible con la crueldad); por la
destrucción de la naturaleza como parte de la ideología
del progreso; de la creación -y utilización- de la energía
atómica, las armas biológicas y químicas... Paralelamente,
en estos últimos cien años hemos vivido el mas excepcional
y permanente aumento de la esperanza y de la calidad de vida, desde
que el hombre es hombre, con el consiguiente -y amenazante- aumento
de la población mundial...Si a todo esto unimos los cambios sociales,
ideológicos, científicos, etc..., el catálogo de
las desmesuras llegará a ser, con todo derecho, algo verdaderamente
desmedido.
Sobre todo si, incluimos en él un aspecto nuevo -por su amplitud,
profundidad y consecuencias- con respecto a siglos anteriores: El de
la desmesura del arte y los artistas. Continuando planteamientos y postulados
iniciados en el siglo anterior, y culminando otros muy anteriores (en
lagunos casos milenarios), los movimientos de vanguardia de las dos
primeras décadas del siglo, materializan un cambio revolucionario
en el terreno de las formas artísticas, el concepto de cultura,
las ideas fundamentales de la relación indivíduo sociedad...etc...Unos
pocos hombres y mujeres, apenas sin medios, sin apoyos sociales...,
deciden enfrentarse a los poderes establecidos, a las ideas dominantes
durante los últimos cuatrocientos años en nombre de utopías
primitivas, inanes, en gran medida infantiles..., aunque eso sí,
llenas de energía. Y contra toda lógica, no sólo
no desaparecen sin mas, sino que consiguen una cierta repercusión
social, y se mantienen operativos en la mayor parte de los paises desarrollados
hasta los años treinta, influenciando a todos los campos artísticos.
Es mas: El movimiento que se inventa a partir de las aportaciones mas
utilitarias de estos movimientos de vanguardia (el surrealismo), consigue
que su versión trascendente influya en todos los terrenos de
la cultura europea y americana durante décadas, y se infiltre
a todos los niveles sociales.
Neovanguardias
Sin embargo, hasta los años sesenta los planteamientos mas auténticamente
revolucionarios de las primeras vanguardias no se materializan en todas
sus dimensiones. Contra lo que sostiene la historiografía oficial,
las denominadas neovanguardias de los sesenta, no son movimientos epigonales
o simple desarrollos de algo ya existente. La labor del expresionismo,
futurismo, cubismo, dadaismo, etc..., fue revolucionaria, es decir fundamentalmente
destructiva. De forma general subvertió el deminio y la preponderancia
de los códigos dominates hasta ese momento. Sólo algunas
figuras aisladas fueron mas allá de la destrucción, e
iniciaron la elaboración de nuevos códigos con valor universal.
Este es el caso de Russolo, de Tzara, de Mondrian, Van Doesburg, etc...Otros
artistas, de importancia muy relativa en esos ismos, fueron aún
mas lejos haciendo que vida y arte se acercaran. Este es el caso de
Duchamp y de Schwitters.
Tras la Segunda Guerra Mundial, nuevos movimientos y grupos y artistas
en solitario, continuaron las líneas mas productivas de estas
primeras vanguardias: el letrismo, la música y la poesía
concretas, la action painting, etc... En los sesenta, se produjo un
movimiento general de ocupación de los terrenos entrevistos por
los pioneros. Mediante planteamientos experimentales, y un rigor ético
cercano al fundamentalismo, varias generaciones de artistas desarrollaron
nuevas formas estéticas, que implicaban de forma determinante
un nuevo concepto del hecho estético, de su lugar en la sociedad,
de sus componentes, de su significado...
Puede decirse que si las primeras vanguardias artísticas descubrieron
un nuevo mundo, y los movimientos de la postguerra iniciaron su exploración,
las neovanguardias de los sesenta, completaron los mapas, ocuparon los
terrenos y fundaron una nueva forma de civilización. Por lo tanto,
es hora de revisar el punto de vista tradicional que, primero dió
por muertas y fracasadas a las vanguardias históricas, y después
ante la pujanza de las neovanguardias en los años sesenta-setenta,
pasó a considerar que tan solo se había producido una
imitación o aprovechamiento de lo que ellas había aportado.
La materialización
Desde un planteamiento mas formal, la historia de las formas de arte
en el siglo XX, pueden analizarse dentro del proceso de desmaterialización-abstracción-conceptualización,
y de su contrario de personalización-concrección-materialización.
Estas líneas de investigación, cobraron en los años
sesenta una radicalidad extrema, hasta alcanzar la conceptualización
de los componentes plásticos, y la materialización de
los conceptos: El objeto estético como idea, y las ideas como
objetos estéticos...
Todo ello, en medio -y alrededor- de una auténtica orgía
de libertad (el verdadera droga del arte del siglo XX). Y de una hoguera
de creatividad: la forma pura del pensamiento artístico o estético,
como una de las productividades propia de los seres humanos, no diferente
en su morfogénesis y en su comportamiento al pensamiento científico,
al pensamiento mágico o al filosófico.
Liberación
El producto final de los años sesenta, ha sido la conquista de
un campo expandido, para las nuevas formas de arte. Desde las distintas
modalidades de la poesía visual a la performance, pasando por
la polipoesía y la música hablada, por la instalación,
el land art, el body art, los proyectos imposibles, hasta el arte-correo,
las mitologías personales..., el panorama ha sufrido una auténtica
mutación, dando lugar a nuevas formas de ver, oir, pensar analizar...
La evolución del arte y la sociedad en los años 80 y 90,
aunque en un primer momento pareció buscar la eliminación
de estas aportaciones, las ha ido asimilando e incluso consumiendo en
los aspectos menos innovadores. Por lo cual, una vez mas, los agoreros
del "fín de la vanguardia". llegaron a cantar victoria.
Sin embargo, esta revolución de la estética, (la mas efectiva
y la mas incruenta del siglo) está lejos de haber agotado su
impulso. Igual que en los años treinta, a finales de los setenta,
se produjo un cierto enmascaramiento por la llegada de una nueva generación,
y por el cumplimiento de los objetivos mas a corto plazo. De alguna
forma, la experimentación, e incluso los excesos vanguardistas
de los años sesenta, nos liberaron a todos del radicalismo y
de las enfermedades infantiles que produce toda revolución. Desde
los años ochenta, la vanguardia ha dejado de estar prisionera
de la estrategia destrucción-recreación. El disfrute de
un espacio propio, ha dirigido los intereses de los autores hacia el
desarrollo de producciones que ya no tienen como referente ineludible
ideologías mas o menos vanguardistas.
Lo determinante, lo consustancial con la actividad estética ya
no es la innovación por la innovación. Ni la consecución
de impactos, la producción de espectáculos, o la fabricación
de objetos pretendidamente trascendentes. Los contenidos espiritualistas,
misticistas y mitificantes que durante años acompañaron
a la vanguardia, ha ido quedando por el camino en las dos últimas
décadas. Ahí está el ejemplo esplendoroso del mail
art.
De hecho, puede afirmarse que la liberación estética de
los años sesenta, se ha completado con la liberación ética
de los ochenta. No se trata, desde luego, del "todo vale"
de una sedicente postmodernidad, sino el "todo es relativo e interdependiente"
de la mejor tradición moderna.
Sistemas
Los avances de la psicología, las ciencias humanas, la informática,
etc..., han venido a ponerle nombre y justificación a los procesos
utilizados por la vanguardia, sometidos a experimentación por
artistas de todas las latitudes...Podemos demostrar ahora que todo sistema
inventado por el hombre es axiológico, y que la interrelación
entre sistemas es constante. por lo cual, el arte, como sistema de sistemas
no puede someterse a escalas de valores inamovibles, ni a fórmulas
magistrales, autoridades de comisarios o poderes -de cualquier clase-
establecidos o por establecer.
Sólo desde la autenticidad de la conciencia individual, sumada
al conocimiento de los nuevos repertorios (desde los mas simples y objetivos
a los mas complejos y tecnificados), pueden consumirse las nuevas producciones,
y a partir de ahí, someterlas a juicio. (Y no sólo a partir
del "gusto" individual, como un nuevo ente que da forma a
lo irracional, y a la supuesta excepcionalidad de lo subjetivo).
Utopía
La creatividad ya no puede ir asociada a lo simbólico y lo trascendente
como en el arte tradicional. Ni mucho menos al oficio, la dificultad,
o el artificio. Sus códigos están irremediablemte agotados
(salvo para los que lo utilizan para justifiar la detentación
del poder por el poder. Ahora la potestad de inventar nuevos códigos
y repertorios, la de cambiar los ya existentes, invirtiéndolos
o desnaturalizándolos, ha pasado a ser un bién común.
Sólo hace falta decisión, ganas y -sobre todo- autenticidad.
La creatividad a finales del siglo XX sólo cuenta su canción
a quien se le entrega.
Ciento cincuenta años después de que el Conde de Lautremont
concretara una utopía mas que milenaria ("la poesía
debe ser hecha por todos"), ha pasado a ser una posilidad al alcance
de la mano, y no sólo para la poesía, sino para cualquier
forma de arte. La disponibilidad de las técnicas, los materiales
y los métodos a la autenticidad individual, pone a cada individuo
en igualdad de condiciones (o tal vez con una cierta ventaja) con los
artistas profesionales. Las posibilidades abiertas por las nuevas tecnologías,
sumadas al desarrollo de una conciencia cada vez mas generalizada sobre
la importancia del consumidor-interpretante, y el conocimiento de las
nuevas ideas estéticas, nos señalan que la realización
de esa utopía, no ha hecho nada mas que comenzar en este siglo,
y que su desarrolo natural se producirá en el próximo.
Estamos en el comienzo de una nueva época, en el umbral de un
cambio de sentido de la historia de la cultura, es decir de ls propias
sociedades occidentales.
De cara a este futuro, a la poesía le cabe, como en los momentos
mas cruciales del siglo XX, un puesto de máxima responsabilidad.
Los poetas han aceptado en todos los procesos revolucionarios de la
cultura, un protagonismo excepcional, poniendo en cuestión las
normas avaladas por la trtadición, y ayudando a dar a luz las
nuevas formas adaptadas al cambio.
La especial posición de los poetas (casi siempre al márgen
de las obligaciones de la profesionalidad), puede contribuir también
a defender, en función de los excepcionales componentes de la
sociedad actual, una relación fluida entre las nuevas formas
artísticas y los sistemas tradicionales, según se vayan
liberando de sus componentes trascedentes, y vuelvan a ser tan sólo
producciones estéticas.
La defensa que los poetas, en nombre de la idea misma de poesía,
han hecho siempre de la creatividad frente a las normas, los dogmas,
la autoridad..., y demás mecanismos habituales de los poderes
trascendentes, les convierten en parteros naturales de la nueva situación.
En ella, cada indivíduo podrá enfrentarse a sí
mismo, sin depender de las formas de la trascendencia, (es decir de
las amenazas de la alienación), para alcanzar a través
de la experiencia estética (en sus distintos niveles) el verdadero
sentido de la libertad no mediada
FERNANDO MILLÁN Villarrodrigo (Jaén) 24.8.1944. Desde 1953 reside en Madrid.
Estudios de Filosofía. Tras un periodo adolescente en el que
publica poemas discursivos, contacta con Julio Campal en 1964, y colabora
con él hasta su muerte en 1968. A partir de ese año inicia
una labor que consta de tres partes: Actividades de promoción
de los planteamientos de vanguardia; producción experimental
de poemas visuales, objetos sonoros y textos sintácticos y narrativos,
libros objeto...; y al mismo tiempo investigación teórica,
análisis y crítica de la poesía experimental y
el arte contemporáneo. Miembro fundador del grupo N.O. (1968-1973).
Su actividad pública se concreta en dos etapas: 1968-1983; y
desde 1992 a la actualidad. En estos años ha sido conferenciante,
editor (de libros y revistas), comisario de exposiciones, ha realizado
programas de radio, articulista, etc... En la segunda etapa ha realizado
también performances, talleres, etc... Su aportación más
conocida como analista es el libro La escritura en libertad (Edit Alianza)
Madrid 1975. Parte de su producción experimental, conectada siempre
con sus plateamientos teóricos, ha sido recogida en seis libros
aparecidos desde 1969. Ha participado en numerosas exposiciones colectivas,
y ha celebrado cuatro individuales. En el libro Vanguardias y vanguardismos
ante el siglo XXI (Ardora express, Madrid 1999) se recoge un amplio
análisis de la historia del arte en los ltimos treinta años,
asícomo una descripción de su propia obra de creación,
y sus ideas sobre el presente y el futuro de la vanaguardia artística.
Muestras de su obra han sido recogidas en antologías editadas
en España, USA, Italia, Francia, Yugoeslavia, Alemania, etc...
Los estudios historicos de la literatura española de los últimos
veinte años, incluyen análisis de su trabajo, y le consideran
una figura fundamental dentro de la "generación del 68", y de
la vanguardia española de la postguerra. Entre sus últimas
actividades destaca el Taller "La materialización de la poesía",
realizado en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (Sevilla,
30 de mayo - 18 de junio).
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