Fernando MILLÁN

Una utopía al alcance de la mano

La historia del siglo XX está marcada, de principio a fín, por muchas desmesuras: genocidios, destrucción de la naturaleza, creación de la energía atómica, crecimiento excepcional de la esperanza de vida, y aumento paralelo -y amenazante- de la población mundial...Y junto a todo ello, y a tantas cosas mas, la desmesura del arte y los artistas: las vanguardias y neovanguardias que, contra toda lógica, prosperan y hacen que sus propuestas lleguen a la sociedad. Los grandes procesos de desmaterialización-abstracción, y su contrario de concrección-materilización, que han dado lugar a la conceptualización de los componentes plásticos, y a materialización de los conceptos. Con la libertad como verdadera droga.El producto final ha sido la conquista de un campo artístico expandido, en el que las distintas formas de arte (desde la poesía visual a la performance, pasando por la polipoesía y la música hablada, por la instalación y el arte-correo, hasta el body art y los proyectos imposibles) han desarrollado nuevas formas de ver, oir, pensar, analizar... Esta revolución (la mas efectiva y la mas incruenta del siglo) está lejos de haber agotado su impulso. Por el contrario, el trabajo de los hombres y mujeres que han protagonizado las revoluciones artísticas de los años veinte y sesenta, nos han liberado de la radicalidad y el vanguardismo. La vanguardia ya no es una estrategia de destrucción-recreación. La liberación estética de los sesenta se ha completado con la liberación ética de los ochenta. El arte, como sistema de sistemas, no puede someterse a escalas de valores inamovibles. La potestad de inventar nuevos códigos, ha pasado a ser un bién común. Ciento cincuenta años después de que Lautremont pidiera que la poesía fuera hecha por todos, esa utopía ha pasado a ser una posibilidad al alcance de la mano para cualquier forma de arte. Estamos en el comienzo de una nueva época, en el umbral de un cambio de sentido de la historia. En esta situación, y de cara al siglo XXI, a la poesía le cabe, como en los momentos mas cruciales de este siglo que finaliza, un puesto de máxima responsabilidad. Su defensa de la creatividad frente a las normas, la autoridad, y demás mecanismos de los poderes trascendentes, le convierte en la partera natural de las experiencias estéticas que alcancen el verdadero sentido de una libertad no mediada.


Desmesura

Si, en su conjunto, toda la historia de la humanidad puede ser vista como un compendio de infamias y excesos, el siglo XX que ahora termina, tiene por derecho propio un lugar de honor en la reseña de las desmesuras. Tal vez por la simple acumulación de la historia, o por el avance tecnológico, este siglo se destaca por los genocidios cometidos de forma sistemática (civilizada, podríamos decir si esta palabra no fuera incompatible con la crueldad); por la destrucción de la naturaleza como parte de la ideología del progreso; de la creación -y utilización- de la energía atómica, las armas biológicas y químicas... Paralelamente, en estos últimos cien años hemos vivido el mas excepcional y permanente aumento de la esperanza y de la calidad de vida, desde que el hombre es hombre, con el consiguiente -y amenazante- aumento de la población mundial...Si a todo esto unimos los cambios sociales, ideológicos, científicos, etc..., el catálogo de las desmesuras llegará a ser, con todo derecho, algo verdaderamente desmedido.

Sobre todo si, incluimos en él un aspecto nuevo -por su amplitud, profundidad y consecuencias- con respecto a siglos anteriores: El de la desmesura del arte y los artistas. Continuando planteamientos y postulados iniciados en el siglo anterior, y culminando otros muy anteriores (en lagunos casos milenarios), los movimientos de vanguardia de las dos primeras décadas del siglo, materializan un cambio revolucionario en el terreno de las formas artísticas, el concepto de cultura, las ideas fundamentales de la relación indivíduo sociedad...etc...Unos pocos hombres y mujeres, apenas sin medios, sin apoyos sociales..., deciden enfrentarse a los poderes establecidos, a las ideas dominantes durante los últimos cuatrocientos años en nombre de utopías primitivas, inanes, en gran medida infantiles..., aunque eso sí, llenas de energía. Y contra toda lógica, no sólo no desaparecen sin mas, sino que consiguen una cierta repercusión social, y se mantienen operativos en la mayor parte de los paises desarrollados hasta los años treinta, influenciando a todos los campos artísticos. Es mas: El movimiento que se inventa a partir de las aportaciones mas utilitarias de estos movimientos de vanguardia (el surrealismo), consigue que su versión trascendente influya en todos los terrenos de la cultura europea y americana durante décadas, y se infiltre a todos los niveles sociales.


Neovanguardias

Sin embargo, hasta los años sesenta los planteamientos mas auténticamente revolucionarios de las primeras vanguardias no se materializan en todas sus dimensiones. Contra lo que sostiene la historiografía oficial, las denominadas neovanguardias de los sesenta, no son movimientos epigonales o simple desarrollos de algo ya existente. La labor del expresionismo, futurismo, cubismo, dadaismo, etc..., fue revolucionaria, es decir fundamentalmente destructiva. De forma general subvertió el deminio y la preponderancia de los códigos dominates hasta ese momento. Sólo algunas figuras aisladas fueron mas allá de la destrucción, e iniciaron la elaboración de nuevos códigos con valor universal. Este es el caso de Russolo, de Tzara, de Mondrian, Van Doesburg, etc...Otros artistas, de importancia muy relativa en esos ismos, fueron aún mas lejos haciendo que vida y arte se acercaran. Este es el caso de Duchamp y de Schwitters.

Tras la Segunda Guerra Mundial, nuevos movimientos y grupos y artistas en solitario, continuaron las líneas mas productivas de estas primeras vanguardias: el letrismo, la música y la poesía concretas, la action painting, etc... En los sesenta, se produjo un movimiento general de ocupación de los terrenos entrevistos por los pioneros. Mediante planteamientos experimentales, y un rigor ético cercano al fundamentalismo, varias generaciones de artistas desarrollaron nuevas formas estéticas, que implicaban de forma determinante un nuevo concepto del hecho estético, de su lugar en la sociedad, de sus componentes, de su significado...

Puede decirse que si las primeras vanguardias artísticas descubrieron un nuevo mundo, y los movimientos de la postguerra iniciaron su exploración, las neovanguardias de los sesenta, completaron los mapas, ocuparon los terrenos y fundaron una nueva forma de civilización. Por lo tanto, es hora de revisar el punto de vista tradicional que, primero dió por muertas y fracasadas a las vanguardias históricas, y después ante la pujanza de las neovanguardias en los años sesenta-setenta, pasó a considerar que tan solo se había producido una imitación o aprovechamiento de lo que ellas había aportado.


La materialización

Desde un planteamiento mas formal, la historia de las formas de arte en el siglo XX, pueden analizarse dentro del proceso de desmaterialización-abstracción-conceptualización, y de su contrario de personalización-concrección-materialización. Estas líneas de investigación, cobraron en los años sesenta una radicalidad extrema, hasta alcanzar la conceptualización de los componentes plásticos, y la materialización de los conceptos: El objeto estético como idea, y las ideas como objetos estéticos...

Todo ello, en medio -y alrededor- de una auténtica orgía de libertad (el verdadera droga del arte del siglo XX). Y de una hoguera de creatividad: la forma pura del pensamiento artístico o estético, como una de las productividades propia de los seres humanos, no diferente en su morfogénesis y en su comportamiento al pensamiento científico, al pensamiento mágico o al filosófico.


Liberación

El producto final de los años sesenta, ha sido la conquista de un campo expandido, para las nuevas formas de arte. Desde las distintas modalidades de la poesía visual a la performance, pasando por la polipoesía y la música hablada, por la instalación, el land art, el body art, los proyectos imposibles, hasta el arte-correo, las mitologías personales..., el panorama ha sufrido una auténtica mutación, dando lugar a nuevas formas de ver, oir, pensar analizar...

La evolución del arte y la sociedad en los años 80 y 90, aunque en un primer momento pareció buscar la eliminación de estas aportaciones, las ha ido asimilando e incluso consumiendo en los aspectos menos innovadores. Por lo cual, una vez mas, los agoreros del "fín de la vanguardia". llegaron a cantar victoria. Sin embargo, esta revolución de la estética, (la mas efectiva y la mas incruenta del siglo) está lejos de haber agotado su impulso. Igual que en los años treinta, a finales de los setenta, se produjo un cierto enmascaramiento por la llegada de una nueva generación, y por el cumplimiento de los objetivos mas a corto plazo. De alguna forma, la experimentación, e incluso los excesos vanguardistas de los años sesenta, nos liberaron a todos del radicalismo y de las enfermedades infantiles que produce toda revolución. Desde los años ochenta, la vanguardia ha dejado de estar prisionera de la estrategia destrucción-recreación. El disfrute de un espacio propio, ha dirigido los intereses de los autores hacia el desarrollo de producciones que ya no tienen como referente ineludible ideologías mas o menos vanguardistas.

Lo determinante, lo consustancial con la actividad estética ya no es la innovación por la innovación. Ni la consecución de impactos, la producción de espectáculos, o la fabricación de objetos pretendidamente trascendentes. Los contenidos espiritualistas, misticistas y mitificantes que durante años acompañaron a la vanguardia, ha ido quedando por el camino en las dos últimas décadas. Ahí está el ejemplo esplendoroso del mail art.

De hecho, puede afirmarse que la liberación estética de los años sesenta, se ha completado con la liberación ética de los ochenta. No se trata, desde luego, del "todo vale" de una sedicente postmodernidad, sino el "todo es relativo e interdependiente" de la mejor tradición moderna.


Sistemas

Los avances de la psicología, las ciencias humanas, la informática, etc..., han venido a ponerle nombre y justificación a los procesos utilizados por la vanguardia, sometidos a experimentación por artistas de todas las latitudes...Podemos demostrar ahora que todo sistema inventado por el hombre es axiológico, y que la interrelación entre sistemas es constante. por lo cual, el arte, como sistema de sistemas no puede someterse a escalas de valores inamovibles, ni a fórmulas magistrales, autoridades de comisarios o poderes -de cualquier clase- establecidos o por establecer.

Sólo desde la autenticidad de la conciencia individual, sumada al conocimiento de los nuevos repertorios (desde los mas simples y objetivos a los mas complejos y tecnificados), pueden consumirse las nuevas producciones, y a partir de ahí, someterlas a juicio. (Y no sólo a partir del "gusto" individual, como un nuevo ente que da forma a lo irracional, y a la supuesta excepcionalidad de lo subjetivo).


Utopía

La creatividad ya no puede ir asociada a lo simbólico y lo trascendente como en el arte tradicional. Ni mucho menos al oficio, la dificultad, o el artificio. Sus códigos están irremediablemte agotados (salvo para los que lo utilizan para justifiar la detentación del poder por el poder. Ahora la potestad de inventar nuevos códigos y repertorios, la de cambiar los ya existentes, invirtiéndolos o desnaturalizándolos, ha pasado a ser un bién común. Sólo hace falta decisión, ganas y -sobre todo- autenticidad. La creatividad a finales del siglo XX sólo cuenta su canción a quien se le entrega.

Ciento cincuenta años después de que el Conde de Lautremont concretara una utopía mas que milenaria ("la poesía debe ser hecha por todos"), ha pasado a ser una posilidad al alcance de la mano, y no sólo para la poesía, sino para cualquier forma de arte. La disponibilidad de las técnicas, los materiales y los métodos a la autenticidad individual, pone a cada individuo en igualdad de condiciones (o tal vez con una cierta ventaja) con los artistas profesionales. Las posibilidades abiertas por las nuevas tecnologías, sumadas al desarrollo de una conciencia cada vez mas generalizada sobre la importancia del consumidor-interpretante, y el conocimiento de las nuevas ideas estéticas, nos señalan que la realización de esa utopía, no ha hecho nada mas que comenzar en este siglo, y que su desarrolo natural se producirá en el próximo. Estamos en el comienzo de una nueva época, en el umbral de un cambio de sentido de la historia de la cultura, es decir de ls propias sociedades occidentales.

De cara a este futuro, a la poesía le cabe, como en los momentos mas cruciales del siglo XX, un puesto de máxima responsabilidad. Los poetas han aceptado en todos los procesos revolucionarios de la cultura, un protagonismo excepcional, poniendo en cuestión las normas avaladas por la trtadición, y ayudando a dar a luz las nuevas formas adaptadas al cambio.

La especial posición de los poetas (casi siempre al márgen de las obligaciones de la profesionalidad), puede contribuir también a defender, en función de los excepcionales componentes de la sociedad actual, una relación fluida entre las nuevas formas artísticas y los sistemas tradicionales, según se vayan liberando de sus componentes trascedentes, y vuelvan a ser tan sólo producciones estéticas.

La defensa que los poetas, en nombre de la idea misma de poesía, han hecho siempre de la creatividad frente a las normas, los dogmas, la autoridad..., y demás mecanismos habituales de los poderes trascendentes, les convierten en parteros naturales de la nueva situación. En ella, cada indivíduo podrá enfrentarse a sí mismo, sin depender de las formas de la trascendencia, (es decir de las amenazas de la alienación), para alcanzar a través de la experiencia estética (en sus distintos niveles) el verdadero sentido de la libertad no mediada


FERNANDO MILLÁN Villarrodrigo (Jaén) 24.8.1944. Desde 1953 reside en Madrid. Estudios de Filosofía. Tras un periodo adolescente en el que publica poemas discursivos, contacta con Julio Campal en 1964, y colabora con él hasta su muerte en 1968. A partir de ese año inicia una labor que consta de tres partes: Actividades de promoción de los planteamientos de vanguardia; producción experimental de poemas visuales, objetos sonoros y textos sintácticos y narrativos, libros objeto...; y al mismo tiempo investigación teórica, análisis y crítica de la poesía experimental y el arte contemporáneo. Miembro fundador del grupo N.O. (1968-1973). Su actividad pública se concreta en dos etapas: 1968-1983; y desde 1992 a la actualidad. En estos años ha sido conferenciante, editor (de libros y revistas), comisario de exposiciones, ha realizado programas de radio, articulista, etc... En la segunda etapa ha realizado también performances, talleres, etc... Su aportación más conocida como analista es el libro La escritura en libertad (Edit Alianza) Madrid 1975. Parte de su producción experimental, conectada siempre con sus plateamientos teóricos, ha sido recogida en seis libros aparecidos desde 1969. Ha participado en numerosas exposiciones colectivas, y ha celebrado cuatro individuales. En el libro Vanguardias y vanguardismos ante el siglo XXI (Ardora express, Madrid 1999) se recoge un amplio análisis de la historia del arte en los œltimos treinta años, asícomo una descripción de su propia obra de creación, y sus ideas sobre el presente y el futuro de la vanaguardia artística. Muestras de su obra han sido recogidas en antologías editadas en España, USA, Italia, Francia, Yugoeslavia, Alemania, etc... Los estudios historicos de la literatura española de los últimos veinte años, incluyen análisis de su trabajo, y le consideran una figura fundamental dentro de la "generación del 68", y de la vanguardia española de la postguerra. Entre sus últimas actividades destaca el Taller "La materialización de la poesía", realizado en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (Sevilla, 30 de mayo - 18 de junio).


Con la colaboración de / With the support / Amb la col.laboració de


L'ASSOCIACIÓ DE PERFORMERS, ARTISTES I POETES ASSOCIATS

 


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